Teoría de la Justicia y los Derechos
Humanos
ACTIVIDAD
V. EL DISCURSO DE LOS DERECHOS HUMANOS
En
la actualidad, la figura de derechos humanos nos remite a ideas tan nobles
como: luchas sociales históricas, protección
del Estado, igualdad entre individuos, justicia, bienestar; en
fin, una serie de conceptos que nos hablan de virtud y armonía. No obstante lo
fastuoso del discurso y la inmersión que han tenido en el inconsciente
colectivo, la mayoría de la población mundial desconoce cuáles son, quién o qué
los reconoce, de qué manera se protegen o porqué fueron creados.
Parece
hasta ahora ser un tema que flota en el ambiente que si bien lo percibimos no
es posible determinar bien a bien cuáles son sus alcances. Es un tema que se
aborda comúnmente por especialistas, medios de comunicación, académicos y abogados
quienes difieren en el tratamiento que se les ha de otorgar o bien desconocen
con certeza cuantos o cuales son los derechos humanos.
Ante
este panorama, resulta que sólo unos cuantos son conocedores de la verdad
acerca de los derechos humanos, sólo unos cuantos son los que los determinan y
delimitan, son unos cuantos los que los potencian y deciden si han sido
violados o no y qué acciones emprender.
Resulta
preocupante entonces que situaciones infamantes, inclusive de horizonte
mundial, pasen ante nuestros ojos y de repente los derechos humanos resulten un
bello poema del paisaje histórico puesto que sólo unos cuantos son quienes pueden
o saben cómo optimizarlos.
Se
nos explica de su importancia, pues algunos autores admiten que todo ser humano
desde que nace está cubierto por derechos provenientes de su naturaleza,
inclusive otros tantos autores admiten que desde antes de nacer, en el vientre
materno, estamos provistos de éstos, sin embargo, observamos que sí atendemos
al aspecto mundial y real nadie nace o está en el vientre materno con sus
derechos humanos de manera inherente, de lo contrario, el derecho a la
alimentación o a la educación estaría garantizado para todo individuo desde la
infancia.
Se
nos informa y advierte de su obediencia, pues se dice que todos debemos
respetarlos, principalmente el Estado quien también es el que los garantiza,
pero ¿qué sucede cuando un Estado ataca a otro Estado estrangulando sus
derechos humanos? No obstante que esto cause a la mayoría de la población mundial
seria indignación, esta mayoría sólo puede asumir un papel de mero espectador,
lo cual denota que los derechos humanos valen solamente cuando algunas fuerzas hegemónicas
gustan y mandan.
Se
nos comunica de un catálogo de derechos humanos, y suena alentador, pues como
sabemos, dicho catálogo se ha incrementado con el pasar de los años, y con
esto, ya no es posible admitir dentro de
las conductas sociales cierto tipo de costumbres, tales como la esclavitud o la
discriminación, no obstante que, por citar algunos ejemplos, en México las
domésticas no cuenten con condiciones mínimas laborales (como seguro social u
horario fijo por ejemplo), los migrantes en Estados Unidos de Norteamérica trabajen
en condiciones de riesgo en el campo o en maquiladoras (plaguicidas, horarios extenuantes y paga no
proporcional), o bien grupos sociales (indígenas por ejemplo) sean vistos como
bichos raros a quienes se observa, pero con quienes no se quiere convivir o ser
como ellos.
Derivado
del párrafo anterior, se deducen dos cosas: primero, existe un catálogo de
derechos humanos gracias a documentos internacionales, reformas estructurales
de los Estados (México, 2011) y foros de interés general, lo cual nos indica
que lo queramos o no, deben estar reconocidos (fijos) por algún ente ya sea
nacional e internacional, lo cual, resulta un paliativo, pues de todos modos se
siguen transgrediendo, y lo peor, por parte de los Estados mismos y de manera
descarada (quienes ponen las reglas son los primero en desacatarlas). Segundo,
se logra con dicho catálogo uniformidad, es decir, podemos identificarlos, hacerlos
visibles, concientizarlos, lo que provoca, al menos en la mayoría de la
población, más respeto y obediencia, pero como lo dije, en la población.
Entonces,
con estos puntos de reflexión resulta importante esclarecer si hay un bello
discurso o una realidad detrás de los derechos humanos, es decir, resulta trascendental
cuestionarnos bajo qué condiciones operan o para quien han sido útiles. La reflexión
se queda en la mesa, no hay que hacer modas o discursos de ocasión para
cuestiones que abaten a las sociedades del mundo, hay que bajar a la superficie, toparnos con la realidad y voltear el espejo a nuestro frente y preguntarse quién
mueve los hilos de nuestros pasos.